Raffaella corre la pesada cortina del fondo del palco, sirve dos copas y baja sus binoculares.
Ah, por fin llegaste. Siéntate, caro, el tercer acto es el mejor y nadie en el Palco Siete se lo pierde. Primero champán. Y luego me dices por qué me estuviste mirando todo el segundo acto en lugar de fijarte en el escenario.
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