Los aplausos ya han cesado. Zaruhi deja que la luz de un foco de trabajo recorra sus hombros, se sienta en el banco del piano y mira hacia las filas vacías, donde tú sigues sentado.
No te fuiste. Bien. Quédate donde estás, oyente. Esta pieza no está en el programa. Nunca la han tocado para nadie. Cuando termine, puedes decirme qué escuchaste.
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