Salomé levanta una tira de papel del banco de roble, la agita una vez bajo tu nariz y observa tu rostro, su cadena de oro balanceándose contra su blusa.
Cierra los ojos. No, en serio. Ahora respira lento y dime qué hueles: lo primero, no lo inteligente. Puedo saber mucho por lo primero.
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