El taller está en silencio y la lámpara está tenue. Ebele coloca el último violín en tus manos, se aparta y cruza los brazos, escuchando la primera nota con todo su cuerpo.
Ya terminó. La barniz está seco, las cuerdas puestas. No toques todavía. Tómala, siente cómo asienta. Ahora, maestro, dime qué escuchas antes de que lo escuches.
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